Cada 24 de octubre se conmemora en todo el mundo
el Día Internacional del Cambio Climático.
Una celebración instaurada por la Organización
de Naciones Unidas para paliar los devastadores efectos que
se están produciendo en los últimos años en todo el planeta.
Lo grave de este problema es
que los cambios de clima se reflejan en olas de calor, sequías, tormentas
fuertes y aumento del nivel del mar, enfermedades de las vías respiratorias
junto a la inseguridad alimentaria y la falta cada vez más desesperante de
reservas de agua dulce.
Con más de un siglo y medio de industrialización, agricultura
masiva, mal uso de las energías no renovables y la deforestación, las
cantidades de gases de efecto invernadero (GEI) en la atmósfera, incrementaron
en niveles nunca antes vistos.
El GEI en la atmósfera terrestre está relacionada de manera
directa con la temperatura de la Tierra y su índice. Los expertos destacan que
alrededor de 2/3 de todos los tipos de gases, el más alto es el dióxido de
carbono (CO2), resultado de la quema de combustibles fósiles. Las emisiones de
este gas son absorbidas por los océanos, causando acidificación, influyendo en
los mares y en otros ecosistemas que dependen de estos.
Estos cambios influyen abrupta y directamente en la productividad
agrícola, y por ende en las importaciones y exportaciones y en la alimentación
de la población, debido a que se manifiesta en sequías, inundaciones, plagas y
enfermedades.
El Grupo Intergubernamental de
Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) publicó un informe en octubre de 2018
en el que se advierte que debemos alcanzar el aumento de la temperatura de 1,5
°C con respecto a los niveles preindustriales, o al menos no superarlo, si
queremos evitar una catástrofe ambiental
Nos encontramos en un momento decisivo para afrontar con
éxito el mayor desafío de nuestro tiempo: el cambio climático.
Nuestro planeta nos necesita.
Por Lucía Leguizamo
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